
Los que habitamos la Estancia de la Macarena, tenemos la suerte de cruzarnos, de manera frecuente, con crías y ejemplares adultos de la liebre europea.
Este gracioso animalito, se desarrolla libremente en estas tierras, donde está protegido de cazadores furtivos. Es muy fácil visualizarlo por la noche, cruzando campos y caminos, o en las frías mañanas de otoño, jugando en parejas, saltando, corriendo, atravesando las chacras.
No dejan de ser simpáticos, aún cuando roen los frágiles troncos de los árboles recién plantados, recordándonos que la próxima vez que plantemos, tenemos que acordarnos que compartimos espacio y tiempo con ellos, y proteger a los retoños adecuadamente para evitar que se los coman.

Pero, a pesar de todo, es imposible que no se nos escape una sonrisa cuando los cruzamos, o cuando descubrimos en nuestros hijos la sorpresa de haberlos visto, una vez más, en La Macarena.
Texto Gustavo P.
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